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sábado, 15 de junio de 2013

El hambre




Allí estaba. En una acera de la Gran Vía, a unos metros del antiguo edificio de la Compañía Telefónica, hoy Movistar, allí estaba con su mano tendida, un cartel que decía ayúdame, no tengo para comer, con una mirada triste, desesperada y a la vez resignada, realmente no espera nada de nadie, sabe de la indiferencia de la gente, a veces con compasión le dan unas monedas, pocos, muy pocos se compadecen, no porque la gente sea mala, se dice a si mismo, realmente es que no lo ven, van deprisa, inmersos en sus problemas, sus tareas o distraídos con su teléfono móvil, sabe que cuando acabe el día se irá con unas pocas monedas que con mucha suerte le darán para un pobre bocadillo, o no, sabía que había días que no le daba ni para eso, ayer había comido porque una señora se había compadecido de él, pero el día anterior tuvo que irse a dormir con el estomago vacío y sus tripas reclamando el alimento, es entonces cuando le invade la desesperación.
Se levantó por la mañana de su triste jergón, en aquel cuchitril que comparte con 4 desgraciados como él, si por él fuera no se hubiera levantado, lo que le apetecía era seguir allí muy quieto, esperar a que pasara el tiempo, dejar que la vida se fuera de su cuerpo, pero algo en él le dijo, levántate, y se levantó, ya no se molestaba en buscar trabajo, no era joven ni viejo, tenía esa edad en la cual ya no encontraría un trabajo, da igual lo que él supiera hacer, no se lo darían.
Se había quedado sin familia, el hambre y la miseria no son los mejores aliados para conservar el amor, las discusiones y los enfrentamientos terminaron con la convivencia, ahora él no tenía casa ni familia.
Trató de consolarse pensando que al menos él tenía un miserable techo donde dormir, más abajo, en la esquina del cine Callao había otro desgraciado que no tenía necesidad de levantarse y desplazarse al centro de la ciudad para pedir limosna, él vivía en el centro, las escalinatas del cine eran su vivienda día y noche, se abrigaba con una manta y se quedaba allí hasta que amanecía, sacaba la mano y pedía a la gente que corría a sus quehaceres, se quedaba mirándoles y recordaba cuando era él el que corría y tenía quehaceres.

Desgraciadamente todos sabemos que ésto no es una fantasía, es la vida real, es la rutina del día a día en casi todas la ciudades de España, pero en en las grandes ciudades se destacan mucho más, hace daño ver como estas miserias pertecen ya al paisaje urbano, y como logramos seguir con nuestras vidas después de pasar junto a ellos y en la mayoría de los casos no darles ni una miserable limosna. Es cierto que también sabemos que hay mucha gente que se aprovecha de lo que está pasando y es cierto que algunos de ellos pudieran ser unos vividores. Pero... con la situación que vive el país, podriamos asegurar que muchos de ellos son unos vividores?

Yo creo que no, y además podría asegurar sin miedo a equivocarme que los vividores son otros muy distintos, disfrazados muchos de ellos de politicos preocupados por el bienestar del país.

11 comentarios:

emejota dijo...

Me has conmovido querida, eso si que es un análisis fidedigno de la realidad que nos envuelve.... y no puedo seguir porque duele. Bsss.

Emilio Manuel dijo...

Hace unos días escuchaba en un programa de radio que hay gente, entiendo que serán los grandes afortunados, que no se cree que exista esta gente que pasa hambre, que hay niños que no comen todos los días y que se quedan dormidos en el colegio, o a familias que los expulsan de sus viviendas, quedé muy sorprendido, hay que estar ciego para no ver, pero claro ellos viven en su mundo cerrado.

Un abrazo.

Marcos dijo...

Lamentablemente estas dramáticas situaciones se han hecho tan habituales que miramos pero no vemos, pero queramos o no están ahí. En mi barrio tengo uno de esos espabilados que va fumando rubio y hablando con un galaxi, pero aun es mayor el problema de los que ni siquiera vemos pidiendo por vergüenza o cortedad. No obstante nosotros podemos ayudar puntualmente, pero es la administración, los servicios sociales los que fallan.

Fernanda Abocadejarro dijo...

Pintas perfectamente una realidad que conozco por caminar las calles de mi ciudad, querida Rita, así que, lamentablemente, no me sorprende, aunque no deja de entristecerme y de "conmoverme", y eso significa, "moverme son esos seres desamparados y faltos de mirada", meterme en esa esa realidad desde la acción ciudadana, desinteresada, pequeña y concreta que se puede realizar por esta gente, que podría ser cualquiera de nosotros.

De todas formas, soy bien conciente de que con esto no basta. No es suficiente solidarizarse y ayudar desde nuestro pequeño lugar de "prójimos". Es menester exponerlo como tú lo haces, y exigir pacífica y civilizadamente que quienes llevan las riendas de nuestros destinos velen por ellos también, no como suelen hacer, a través de medidas populistas y demagógicas que son meros paliativos, sino intentando erradicar el problema como nos han prometido en sus campañas, aunque parece que nunca pasa, ni en tu país, al que adoro, ni en el mío, al que quiero de veras, pero me duele verlo así tanto como te duele a tí...

Un beso grande y gracias!

Fer

Antorelo dijo...

Has descrito un trozo de la realidad que nos asalta todos los días en nuestras calles.
saludos

Verónica dijo...

Una realidad que desgarra a cualquiera.
No entiendo, como hay personas que se creen con todos los derechos y más, y ven normal que otros no tengan absolutamente nada.
Besitos, buen finde

Francisco Espada dijo...

El hambre es una realidad cotidiana y cercana de la que todos somos responsables en la medida de nuestras fuerzas: unos por producirlas, otros por no poner los medios para evitarlas y otros por no mitigarla.
Besos.

Cantares dijo...

Lo veo a diario en las calles de Buenos Aires y me sigue nestrujando el alma
En Barcelona, frente a Plaza Catalunya vi un hombre comiendo de los recipientes de basura , y no aceptó dinero, lo que ocurre con la gente es atroz
Los politicos debieran dedicarse como prioridad a paliar el hambre, eso no puede esperar a mañana o la semana próxima.
Besos

La Gata Coqueta dijo...



Aún desde el apacible descanso me detengo para desearte…
Un óptimo y resplandeciente comienzo de semana.

Dejando sembrado en el tiempo
un abrazo sin carencia de olvido

Atte.
María Del Carmen



Midala dijo...

las ciudades cada dia están mas desiertas a horas puntas y por la calle...ya no están los pobres de siempre pidiendo...ahora son otros..y distintos...en cada esquina...en cada acera. Es una tristeza tremendaaaaaa por lo que estamos pasando. Estos politicos de mierda que tenemos tendrían que dejar de llenar sus arcas y ponerse manos a la obra...pero me da que no...que es más facil seguir cobrando por no hacer nada que ayudar al projimo.
Un besazo

fus dijo...

La cruda realidad de una sociedad incrèdula.

un abrazo

fus