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El silencio de Recemunde

Silencio... oir el silencio, sentirlo... como lo sintieron nuestros padres, nuestros abuelos... aquel silencio que arrulla, ...

miércoles, 27 de junio de 2012

Caricaturas de la sociedad



Pawła Kuczyńskiego, un gran dibujante desconocido para mi, llegó a mis manos a través de un email enviado por un amigo.

Su obra está llena de una gran belleza e ironía, una satira con un gran mensaje, una critica social que llega a nosotros a través de sus dibujos. Ha sido un gran descubrimiento.
Nacido en 1976 en Szczecin, se graduó de la  de Bellas Artes en Poznan, especializandose en gráficos. Desde 2004 produce ilustraciones satíricas y hasta ahora ha recibido 92 premios y distinciones. 

















 



domingo, 24 de junio de 2012

Cuantas rosas quedan





Como le gustaban sus rosas...
le gustaba cuidarlas,
mimarlas,
las miraba y admiraba,
quitaba las hojas secas,
cortaba la más bonita,
me la traía con un beso.
Pero un día supo que su tiempo se acababa,
empezó a preguntarse cuantas rosas secas
podría todavía quitar...
Nadie le contestaba,
más todos sabíamos sin querer saber...
Hoy yo pregunto también,
cuando riego mis flores,
cuando quito las hojas,
cuando cae la noche,
cuando apago la luz y me duermo,
le pregunto a la noche,
le pregunto a las sombras,
cuantas hojas secas podré aún quitar,
cuantas noches más apagaré la luz,
cuantos amaneceres veré...
Nadie contesta,
nadie sabe...

martes, 19 de junio de 2012

Donde se quedó la niña...




Donde se quedó aquella niña...
Donde se quedaron sus risas,
donde se quedaron sus lágrimas...
Aquella risa cantarina
que se enredaba en el viento de la isla,
aquellas lagrimas que mojaron el suelo  volcánico,
las lágrimas que sus padres enjugaban.
La risa se quedó escondida
en los muros de la casa.
Las lágrimas se diluyeron
en las olas de la playa.
Donde se quedaron sus juegos,
donde los mimos de su padre,
donde las riñas de su madre.
Aquellos juegos con muñecas de cartón,
con los niños de la calle,
con el gato,
con los pellizcos del hermano.
Donde están aquellas noches de vela y quinqué
escuchando los relatos de su padre.
Cuan lejano quedó todo
más parece que fue ayer.
Luego de la isla se fue,
luego creció y creció,
luego rió y rió,
con risa muy diferente.
Y luego lloró y lloró,
con un llanto desgarrado,
más ahora sin el consuelo de los padres añorados.
La niña sigue ahí,
prisionera de otro tiempo,
luchando por escapar,
por recuperar su risa cantarina,
sus lágrimas dulces,
los juegos con las muñecas,
las peleas con su hermano,
los relatos de su padre,
añorando aquella casa y aquella isla volcánica.

domingo, 17 de junio de 2012

Aburridos





Ahí están, sentados en una mesita redonda de terraza de uno de los agradables rincones de Santa Cruz, ahí, en una mañana más que preciosa, una mañana que invita a charlas agradables y dulzonas, a confidencias, historias, hechos compartidos, todas esas cosas que habla una pareja que esté enamorada y a gusto con su vida, ahí están ellos callados, ausentes y con la mirada perdida. Mientras, sendas tazas de café ya vacías ante ellos en espera de ser recogidas.
La gente camina a su alrededor, yo muy cerca, también con una taza de café en mi mano les observo con disimulo pero muy atentamente, ellos muy sumergidos en sus pensamientos, que seguramente no comparten, con la mente muy lejos de allí, apostaría que la de él y ella en lugares muy diferentes.
El, despatarrado en el pequeño sillón de la terraza, con las piernas extendidas y las manos sujetándose la nuca como si se encontrara en el salón de su casa, mirando al frente, observando pero con esa mirada de observar sin ver a la gente que pasa. Ella sentada muy recta con la mirada perdida, como si lo que ocurre a su alrededor no le interesara. Están en esa edad aproximada de los 50 y tantos años, en esa edad en que ya algunas parejas no tienen ya nada que decirse.
Y así pasó mucho rato, la situación no cambia pasados 15 minutos, de vez en cuando miran las tazas de café vacías, tan vacías como parecen ser sus vidas.
Me levanto y me voy, los dejo en el mismo sitio y en la misma postura, sin mirarse uno al otro o dirigirse la palabra.
Me voy y mientras camino pienso. No parece que fueran una pareja que estuviera enfadada, no, simplemente aburridos.
Ese es el objetivo? Tener a tu lado una persona que realmente no está?
Caminar en la vida dos personas juntas pero separadas?
No es mejor aburrirse solo que acompañado?
Opino que la soledad en compañía es más soledad, que el aburrimiento en compañía es más aburrimiento, que una vida en compañía donde no se comparten pensamientos, opiniones, alegrías y penas, sencillamente no es compañía, no vale la pena de tener esos muchos inconvenientes de la convivencia si la contrapartida no es placentera.
Los que hemos elegido libremente la soledad tenemos siempre cosas que decir y risas que compartir. Los que tratan de tener una compañía al precio que sea (me refiero siempre a personas que no les une el amor, solo el deseo no estar solos) suelen ser callados, tristes y taciturnos.
Vale la pena??

jueves, 14 de junio de 2012

Aquellos años...

Un copi y pega de un blog interesante Obsoletos de Honor, éste post despierta mis recuerdos de telefonista de mis primeros años laborales.



Hubo un tiempo en España en que ser empleado de Telefónica tenía status propio. A la influencia sobre algo tan arcano como las redes telefónicas se añadía la seguridad laboral propia de un funcionario. El padre de skot se sacó la carrera mientras calentaba la silla de noche, además de aprender a encender cerillas con una sola mano. Pedro Almodóvar aprovechó su paso por la empresa para diseñar los personajes de sus primeras películas.

Hoy en día, los empleados de Telefónica son seres de mirada vacía que se levantan cuando yo me acuesto, se colocan su corbata y se van a trabajar al quinto carajo, en unos edificios sin despachos. Tienen un blog entre ciberpunk y postapocalíptico en el que relatan sus desventuras.
Sin embargo, los jubilados de Telefónica parecen haber salido de un anuncio de viajes: se les ve alegres, creativos. Hace tiempo que todos leemos, por ejemplo, el blog de Citesa, que era la empresa que fabricaba los teléfonos clásicos de color crema hace décadas, y está escrito por los antiguos empleados contando batallitas como cuando había que viajar a Hong Kong a hacerse cargo de la reparación de miles de teléfonos a los que se les había fundido la junta de la trócola, jaja, qué tiempos.
Bueno, pues ayer supimos de un grupo de cinco jubilados coruñeses que están intentando montar un museo de las telecomunicaciones, echándole tiempo libre para restaurar centralitas, arreglar teléfonos y conseguir aparatos.
museo-jubilados2
Félix Rodríguez ante la centralita que estaba en San Andrés; foto de Víctor Echave
Llevan en ello desde los años 90, cuando apreciaron que la renovación de los sistemas telefónicos arrasaría con centralitas, redes y sistemas que se concentrarían y deslocalizarían. Así que comenzaron a reunir aparatos para guardarlos en un rincón en la sede de Telefónica en La Coruña. Allí restauraron la centralita de la foto, fabricada en los años 30 y con la que hoy se puede llamar a cualquier teléfono. También guardan, por supuesto, teléfonos de todas las épocas, e incluso material de Iberpac, la red telemática de los años 70.
Los cinco colegas llevan años, también, intentando conseguir un escenario adecuado para su labor desinteresada. Que si la Universidad no tiene dinero, que si el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología -precisamente en La Coruña- no está construido, que si a mí me viene mal, que si mejor el martes… Así que allí siguen, luchando contra la obsolescencia e intentando documentarla. Por muchos años
























Aqui la que escribe en los 70, en el trabajo más bonito que he hecho en mi vida, un trabajo creativo y de contacto humano, nada que ver con el trato impersonal y robotico que se le da ahora a las personas. 
Luego vino el trabajo informatico y de oficina en donde nunca fui tan feliz como ahí.

domingo, 3 de junio de 2012

Fuerteventura, una isla diferente





                                                               Playas
                                                             Dunas


Fuerteventura, que quiere decir gran felicidad, es el nombre de una de las islas canarias, la segunda en extensión por detrás de Tenerife. Es la isla más cercana a la costa africana, la separan de ella solo 97 km. Es junto con Lanzarote, su vecina, las más aridas de las siete islas. La vegetación es casi inexistente, posee unas playas maravillosas que son las delicias del turismo, tiene una extensa zona de dunas que pueden hacer pensar al visitante que se encuentra en el desierto.
Es una isla muy llana, pocas montañas y buenas carreteras. La tranquilidad es una de sus mejores virtudes,  sobretodo en aquellos lugares desprovistos de turismo, parece que te trasladas en el tiempo muchos años atrás.
Hemos hecho una excursión de fin de semana, el avión nos deja allí en 40 minutos. Allí hemos visitado el Ecomuseo de la Alcogida, se llama así porque esta ubicado cerca de la algogida que era el nombre que se le daba al terreno que se destinaba para la recogida de aguas.
El museo es un pequeño caserío de 7 casas restauradas y ambientadas tal como se vivía 200 años más atrás.
Hemos ido a pasar un fin de semana y hemos visitado el museo, nos ha gustado mucho, a mi me ha retrotraído a mi niñez que transcurrió en la isla vecina Lanzarote, porque aunque estas casitas reproducen la vida de hace 200 años yo me di cuenta que hace 50 o 60 años se vivía también igual, lo cual quiere decir que la verdadera evolución, el verdadero cambio se ha producido en los últimos 40 años.
Dormitorio de la casa de los más pobres
Tengo muchas fotos y me he visto obligada a elegir porque son muchas, espero que cumplen su cometido que es el de informar por si se animan a venir.
Comedor
Cocina

Corral




Las imagenes siguientes corresponden a la casa de los más pudientes








Esto es una destiladera de agua. Todavía se usa en Canarias en algunas casas de campo. El agua está siempre fresca y destilada. La piedra superior contiene el agua que luego va cayendo gota a gota en la vasija de debajo.




Horno de la familia


Los pequeños excursionistas con su Abu.







Me hubiera gustado colocar las fotos mejor pero me ha sido imposible, Blogger me lo pone difícil.