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El silencio de Recemunde

Silencio... oir el silencio, sentirlo... como lo sintieron nuestros padres, nuestros abuelos... aquel silencio que arrulla, ...

domingo, 31 de enero de 2010

La viejita malhumorada



Siempre me ha llamado la atención la manera en como casi todos en algún momento de nuestra vida hemos mirado a las personas muy mayores y muy dependientes. Sobretodo cuando eramos jovencitos, más bien cuando eramos niños.
El tema me ha venido en mente hace pocos día cuando mi hija me dijo que el más pequeño de mis nietos (4 años en Marzo), viendo las fotos de su madre cuando era niña, se había asombrado, no entendía que su madre algún día fue también niña, más aún, se negaba a admitirlo, su madre siempre fue así y punto. Esto nos ha pasado a todos cuando niños pero lo malo es que luego somos adultos y seguimos sin tener en cuenta que esos viejecitos también fueron niños, no siempre fueron dependientes, detrás de esa figura destrozada por el tiempo, ahí dentro de ese cuerpo decrépito está esa persona que siempre fue.
Yo siempre he dicho y he oído decir a muchos mayores como yo, que si no fuera por el espejo, nosotros nos sentimos igual que cuando teníamos 20 años. Nuestra persona sigue ahí.
Me ha llegado al correo un adjunto que pone de manifiesto todo esto, me ha gustado y lo traigo aquí para que pensemos un poco en esta realidad de la vida que por otra parte, a todos nos espera.

Cuando una viejita murió en la sección para el tratamiento de enfermedades de la vejez en una pequeña clínica cerca de Dundee, en Escocia, todos estaban convencidos de que ella no había dejado nada de valor.
Después, cuando las enfermeras revisaron sus míseras pertenencias, encontraron una poesía. Su calidad y contenido impresionaron tanto al personal, que todas las enfermeras querían una copia de la misma.

La vieja malhumorada

Qué ven hermanas?
Qué ven?
Qué piensan
cuando me miran?
Una vieja malhumorada,
no demasiado inteligente,
de costumbres inciertas,
con sus ojos soñadores
fijos en la lejanía.
La vieja que escupe la comida
y no contesta
cuando tratan de convencerla
“Ande, haga un pequeño esfuerzo”
La viejita, quien ustedes creen que no se da cuenta de las cosas que ustedes hacen y que continuamente pierde el guante o el zapato.
La viejita, quien contra su voluntad,
pero mansamente les permite
que hagan lo que quieran,
que la bañen y alimenten,
sólo para que así pase el largo día.
Es esto lo que piensan?
Es esto lo que ven?
Si es así, abran los ojos, hermanas,
porque esto que ustedes ven no soy yo!
Les voy a contar quién soy,
cuando aquí estoy sentada tan
tranquila,
tal como me ordenan,
cuando como por orden de ustedes.
Soy una niñita de diez años
que tiene padre y madre,
hermanos y hermanas,
que se aman.
Soy una jovencita de dieciséis años,
con alas en los pies,
que sueña que pronto
encontrará a su amado.
Soy una novia a los veinte,
mi corazón da brincos,
cuando hago la promesa
que me ata hasta el fin de mi vida.
Ahora tengo veinticinco,
tengo mis hijos,
quienes necesitan que los guíe,
tengo un hogar seguro y feliz.
Soy mujer a los treinta,
los hijos crecen rápido,
estamos unidos con lazos
que deberían durar para siempre.
Cuando cumplo cuarenta
mis hijos ya crecieron
y no están en casa,
pero a mi lado está mi esposo
que se ocupa de que yo no esté triste.
A los cincuenta, otra vez,
sobre mis rodillas
juegan los bebés,
de nuevo conozco a los niños,
a mis seres amados y a mí.
Sobre mí se ciernen nubes oscuras,
mi esposo ha muerto,
cuando veo el futuro
me erizo toda de terror.
Mis hijos se alejan,
tienen a sus propios hijos,
pienso en todos los años que pasaron
y en el amor que conocí.
Ahora soy una vieja.
Qué cruel es la naturaleza!
La vejez es una burla
que convierte al ser humano
en un alienado.
El cuerpo se marchita,
el atractivo y la fuerza desaparecen,
allí, donde una vez tuve el corazón
ahora hay una piedra.
Sin embargo, dentro de estas viejas ruinas
todavía vive la jovencita.
Mi fatigado corazón, de vez en cuando,
todavía sabe rebosar de sentimientos.
Recuerdo los días felices
y los tristes.
En mi pensamiento vuelvo a amar y vuelvo a vivir mi pasado.
Pienso en todos esos años
que fueron demasiado pocos
y pasaron demasiado rápido,
y acepto el hecho inevitable
que nada puede durar para siempre.
Por eso, gente, abran sus ojos,
abran sus ojos y vean!
Ante ustedes no está
una vieja malhumorada
ante ustedes estoy YO!!

lunes, 25 de enero de 2010

De nuevo el Manifiesto por la Solidaridad


Amigos todos, el día 30 de Enero se cumplirá un año de la publicación del Manifiesto por la Solidaridad, fue un día muy bonito, la resonancia en la red fue mucho mayor de la esperada. Este año nuestro amigo Cornelivs, el creador de la iniciativa, nos propone publicarlo de nuevo, yo estaré encantada de hacerlo y desde aquí hago un llamamiento a todos los bloggeros que el año pasado se unieron a nosotros y a todos los que quieran unirse ahora.
Más abajo teneis el enlace para más información
El día 30 todos a una por la Solidaridad !!!!!!

domingo, 10 de enero de 2010

No al Maltrato a los Mayores


Hoy quiero contar una historia verdadera y muy cercana, al contarla me rebelo contra el abuso y el maltrato a los mayores, contra la falta de cariño a los padres cuando son un estorbo y un trabajo añadido para los atareados jóvenes y no tan jóvenes. Yo viví otras costumbres, otro amor a los abuelos, estas formas de vida las repudio totalmente. Este tema ya lo he abordado otras veces pero creo que merece que sigamos ocupándonos de él. Aprovecho también para dar a conocer la Red de amigos contra el maltrato a los Mayores a la que me uno desde este mismo momento.
Esta es mi historia. Desgraciadamente hay muchas iguales.
Yo a ella la recuerdo pequeña y muy guapa, nació en 1925, se casó muy jovencita y tuvo 2 niñas, pero su matrimonio duró muy poco, quedó viuda muy pronto, la más pequeña de las niñas tenía unos meses cuando murió su padre, en aquella época éstas cosas eran muy frecuentes, la tuberculosis se llevó a un hombre muy joven dejando una joven viuda sin medios para salir adelante con sus hijas.
Tuvo suerte, la empresa donde trabajaba su marido la contrató como telefonista y pudo llevar el sustento a su casa. Un poco más tarde se casa de nuevo, de ese matrimonio nace otra niña, entonces era costumbre que la mujer no trabajara fuera de casa, así que dejó el trabajo, pero como el salario de su nuevo esposo no era muy grande se dedicó a ese oficio de modista que antiguamente casi todas las mujeres sabían desempeñar, y claro, eso si se podía hacer sin menoscabo de la hombría de su marido. Trabajó mucho y duro para sacar a sus niñas adelante, andando los años las niñas se casan y ella les ayuda cuidando a sus nietos, también económicamente a una de ellas que no le iban bien las cosas. Al casarse la más pequeña, procuran vivir los padres y la hija en viviendas contiguas para de ésta manera cuidar a las nietas porque su hija se va muy temprano de casa a trabajar, por consiguiente ésta hija tiene su problema resuelto con la ayuda de su madre. Luego muere el padre y la madre se queda sola.
Esta mujer mientras tanto se había ocupado de ahorrar dinero para la vejez como ella decía, les encargó a sus hijas que cuando estuviera viejecita y no pudiera estar sola, pagaran a una persona que la cuidara con los ahorros que ella tenía para ello. No quería que la sacaran de su casa. No quería ir a una residencia y para ello se privó de muchos caprichos con tal de tener un dinero ahorrado, tenía su casa contigua a la de su hija, no costaba tanto pagar a una persona (que no pagaban ellas) y darle pequeños ratos de compañía a su madre.
Ese momento llegó y esa hija menor que era la que tenía la “llave” de los ahorros,se puso de acuerdo con sus hermanas, buscaron una “residencia” y allí enviaron a su madre que aunque ya había perdido mucha cabeza, no tanta como para no darse cuenta de donde la enviaban. Nada más llegar allí le pusieron unos pañales (que ella en casa no necesitaba) y la amarraban por la noche para que no molestara, además dio orden ésta hija a la dirección de la residencia, con el consentimiento cobarde de sus hermanas, de que no se le permitieran visitas a su madre, ni siquiera de sus parientes, seguramente porque les daba vergüenza que se conociera la situación de su madre. Ni que decir tiene que en cuestión de poco tiempo esta mujer se deterioró y murió.
¿Quien de sus hijas se acuerda de todo lo que ésta madre hizo?
Lo peor de todo esto es que estas hijas están completamente convencidas de que no tienen nada que reprocharse, que han hecho lo correcto aunque hayan ignorado la petición de su madre, aunque se hayan quedado con el dinero que su madre tenía ahorrado, porque evidentemente el pago de la residencia no agotó los ahorros. Hemos llegado a un punto en el cual el "amor" a los padres solo existe cuando te sirven para algo.
Mientras te sacan adelante cuando eres niño, es obligación de los padres, cuando te ayudan después de mayor con tus hijos, es también obligación de ellos, pero.........cuando los padres necesitan ayuda,” nooooooo yo no puedo, yo estoy trabajando, yo tengo que vivir, etc......”

Que paren este tren que yo me bajo.