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miércoles, 16 de junio de 2010

El viejo sillón


La casa se quedó silenciosa, todos se habían marchado y ella se quedó sentada en el sillón escuchando el silencio, se sentía cansada, se apoyó en el respaldo de aquel viejo sillón y toda su vida fue pasando como si de una película se tratara.

Le gustaba mucho aquel sillón tipo mecedora, lo sentía muy suyo, muy apegado a su vida, de hecho formaba parte de ella, de todo su pasado, también de su presente y estaba segura de que lo sería de su futuro, lo cuidaría para que su vida fuera tan larga o corta como la suya. Quería descansar en él hasta el último minuto de su vida.

Recordaba cuando lo habían comprado, recién casados, muy jovencitos los dos, ella se lo había apropiado inmediatamente porque le recordaba la vieja mecedora donde su padre la dormía de pequeña, recordaba también cuando se mecía en él contemplando como su panza crecía y crecía, la acariciaba y hablaba con su bebé, el primero, el segundo, el tercero........el tercero......que sorpresa y que alegría.

Allí los había dormido luego, en él había pasado muchas noches en vela cuando ellos estaban enfermos o cuando algún problema le preocupaba, velaba mientras hacía punto de media o crochet, pensaba y pensaba.........

Allí estuvo en vela aquella fatídica noche en que su niña estuvo perdida, lloraba y lloraba mientras esperaba que regresaran de su búsqueda su padre, sus tíos, toda la familia, recordaba la alegría tan grande que sintió cuando su padre la trajo de nuevo a casa a la mañana siguiente. No puede haber alegría más grande.

Recordaba también cuando regresó del entierro de su querido compañero, se sentó en el viejo sillón y lloró. Ya no estaría él a su lado, ya no la despertaría para que se fuera a la cama, “venga vete a acostarte que estás dormida” .

Ellos fueron creciendo, se hicieron mayores, primero salió el mayor, luego el segundo que le trajo unos nietos preciosos, y ella seguía pasando sus días en aquel sillón que ahora le disputaban los nietos cuando vienen a verla, ella les riñe, “que me lo vais a romper, que tiene muchos años”.

Solo le quedaba la pequeña, ahora también se va.

Y ella se quedaba allí, sentada en su sillón, cuantos años habían pasado.......

De cuantas cosas había sido un mudo testigo.................

Y ahora?...............

Encendió la tele para que su ruido inundara la casa y llenara su mente de historias ajenas y de telediarios inquietantes. Así se fue quedando dormida, pensando que no hay mejor somnífero que la televisión.


6 comentarios:

Felipe dijo...

Es precioso y de gran sensibilidad.

Las sillas,los sillones ven pasar la vida ocultando cuantas historias nos deparan,cuanto de sufrimiento o de alegría ella nos proporciona

Abrazos

Dilaida dijo...

Es una historia preciosa.
Bicos

maria de la luz mayorga dijo...

Rita,esa historia estruja el corazón.

ponle un final más alegre,cómo que se compra una computadora,y que nos conoce,y que tiene muchos amigos,muchos.

recibe un abrazo.

tu amiga marucha.

Maripaz Brugos dijo...

Rita, que bonita la historia de este sillón. Cuantas vivencias y recuerdos guarda dentro de sí. Muy entrañable,es lógico que no quieras perderlo.

Me ha gustado mucho la entrada anterior sobre los gatos...

Anónimo dijo...

Lo importante no es cuantas personas tienes en casa, lo importantes es cuantas personas tienes y te tienen en su corazón, y que me lo digan a mi que no tengo ni sillón :D.
Un beso tia!

Anónimo dijo...
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