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viernes, 19 de diciembre de 2008

La pobreza del siglo 21




Me gustaría en estas fechas contar algo alegre y bonito pero no va a ser posible. Estoy verdaderamente impactada y no puedo por menos que contarlo, no para entristecer a nadie en estos momentos que deben ser de alegría, no. Es porque creo que es necesario que todos seamos conscientes de lo que está pasando. Me lo habían contado pero no es lo mismo que verlo.

Pasaba yo por una calle muy transitada de mi ciudad, ya era de noche, no muy tarde pero si de noche. Al pasar junto a un contenedor de basura he visto un hombre de mediana edad, no parecía un pordiosero, sus ropas eran normales, no trajeado pero tampoco tenia aspecto de vivir en la calle. Sacaba cosas, comida, del contenedor y sin separarse de allí, se las comía. Era hambre, no esperaba a ir un poco más allá, se lo comía rápidamente. Me pregunto que está pasando en este pais. No es que ignore las noticias, no es que viva al margen de los acontecimientos, creo que tengo toda la información. Pero sigo sin entender como hemos llegado a esta situación. Me siento muy mal viendo estas cosas y creo que es el momento de las grandes decisiones, creo que es el momento de que los gobernantes demuestren que saben gobernar. Creo que es el momento de que se deje de hacer un gasto tan grande en iluminación para fiestas y se destinen esos fondos a comedores sociales, amén de soluciones para aliviar a las familias del gasto en vivienda que, en algunos casos supone casi el total del sueldo por la brutal subida del euribor. No puede ser que para tener un techo haya que endeudarse de la forma en que se está haciendo. He encontrado un articulo en MINUTODIGITAL.COM del dia 28 de noviembre que habla precisamente de esto. Lo añado aqui porque me parece muy interesante.



Trabajadores en paro. Mujeres separadas que se han quedado sin trabajo. Inmigrantes que no llegan a final de mes. Padres de familia que cada noche se tragan su orgullo para buscar la comida de sus hijos en cubos de basura.
Ciudadanos a los que nunca se les había pasado por la cabeza que acabarían rebuscando comida entre desechos. Cada vez son más, lo aseguran ellos mismos. Lo aseguran los responsables de los establecimientos a los que acuden cada noche.
Es, recoge La Vanguardia en un interesante reportaje de Luis Benvenuty y Raúl Montilla, la otra Barcelona. La de la gente que no pide ni siquiera ayuda y a la que le dan igual los adornos navideños. Son ciudadanos anónimos a los que la necesidad empuja a rebuscar entre los contenedores de basura a las puertas de los supermercados. Reconocen que a eso uno nunca se acostumbra. Es demasiado humillante.
La estampa se repite cada noche en muchas esquinas de Barcelona. Mónica - si hubiera podido elegir su nombre al nacer se llamaría así-tiene 58 años. Está divorciada. Se esconde del frío y de la vergüenza en un portal de calle Escocia, cerca de la avenida Meridiana. “Es que si alguien se entera de lo que estoy haciendo me muero. De verdad que me muero”. Asegura que la mejor basura es la de los supermercados Lidl, precisamente el que está esperando que cierre. “Yo vengo un par de veces a la semana, desde hace unos nueve meses, para echar una mano a una mujer mayor vecina mía que tiene una pensión de 300 euros y artrosis. La pobre no se puede levantar ni siquiera de la cama”, añade.
Los productos, prosigue, están a tres días de caducar, separados, en contenedores fregados, todo limpio. “También cojo cosas para mí, algún salchichón, un bidón de detergente, una lata de tomate… Cosas que cuestan dinero. Mis hijos tienen novia y trabajan en una empresa química ¿Qué dirían sus compañeros de la oficina si supieran que su madre hurga en la basura? ¿Y sus novias?”. Mónica se ganaba la vida limpiando casas y oficinas, pero una neumonía la mantuvo 18 meses de baja. Cuando se recuperó a medias, el mundo ya estaba en crisis. “La gente ahora no tiene dinero, prefiere limpiarse su casa. Tengo una pensión de 300 euros, y el alquiler me cuesta 200 ¡Si mis vecinos se enteran de esto me muero!”.
Algunos supermercados cuentan con un servicio especial de recogida de desperdicios. Los desechos duermen dentro de sus locales esperando los camiones que llegan a la mañana. Pero la gran mayoría de los supermercados de Barcelona opta por dejar sus restos en la calle de la mejor manera posible para los que los puedan aprovechar.
Normalmente no es política de empresa. Son los encargados, los mozos, los reponedores o las cajeras los que se preocupan para que el trance sea lo menos repugnante posible. Algunos establecimientos de restauración hacen lo propio, caso del Viena de la calle Pelai. Cada noche sus trabajadores dejan una bolsa llena de bocadillos y ensaladas para quienes lo necesiten a eso de las dos de la madrugada.
Unos diez minutos después ya no queda ni rastro. Siempre ha habido gente buscando en la basura. Siempre. Aunque los que llevan años sacándola al cierre nunca habían visto a tantos, y tan diferentes. De todas las edades. Procedencias y, normalmente, ordenados.
Los de cada supermercado suelen conocerse. Traban amistad. Mónica conoce muy bien a la anciana que tiene a su marido enfermo en la cama. A la mujer china, que apenas habla castellano, que hace un par de meses se quedó sola cuando su marido se quedó sin trabajo y regresó a su país. También a la pareja de extranjeros que da mucho miedo yque esta noche no ha venido. Yala pareja de estonios.
“A veces buscar comida es una locura. La gente se lanza y hay peleas”, explica Krants, de 22 años, el estonio, en perfecto inglés. “A pesar de que hay comida para todos”, agrega su novia. Están en paro. Hace quince meses que buscan comida entre los restos. “Vamos cambiando de sitio, buscando los más tranquilos”, aseguran.
En otro punto de la ciudad, en la calle Llull, la persiana metálica del Sorli Discau asciende con un estruendo. “Son familias normales que lo están pasando mal por la crisis. A todos nos puede tocar”, explica un empleado empujando los cubos. Antes de que el trabajador haya entrado de nuevo en el supermercado, las sombras de cuatro adultos y dos niños con carritos de la compra y bolsas de plástico se abalanzan sobre los contenedores. El silencio es ensordecedor.
“No es nada agradable. Soy soldador, cobro mil euros. Tengo dos hijos y mi mujer ahora no trabaja. Sólo por el piso pago 850 euros ¿Qué voy a hacer? ¿Morirme de hambre?”, explica un hombre con rasgos sudamericanos.
No quiere decir su nombre, ni su país de origen siquiera, por si se entera algún compatriota. “Es humillante, pero tengo que pensar en mis hijos”. Lleva cinco años en Barcelona. Mete su cuerpo en cubos de basura desde hace pocos meses. Su único pensamiento es poder salir a la luz cuanto antes.
A pocos metros, en la avenida Marina, poco antes de las diez de la noche, Abdul busca pescado en buen estado en una bolsa de basura abierta en canal. Está llorando. Aparta las hamburguesas de cerdo. Es musulmán. Marroquí. Diez años en España, los dos últimos con papeles. Trabajaba de vigilante de seguridad en obras, para una de esas empresas abanderadas por una rueda de carromato bicolor, hasta que le echaron hace ocho meses. Desde hace dos busca comida en contenedores. “No puedo volver a Marruecos, porque allí no me queda familia. Hace poco murieron mi padre y mi madre. Estoy de alquiler en una habitación y pago 300 euros”, explica.“
Yo era electricista -dice el palestino Rachid Ridan-y también mecánico, y tengo un hijo de ocho meses”. Todo transcurre en apenas cinco minutos, el tiempo necesario para separar en la acera la comida en condiciones de la que da asco, repartírsela y dejarlo todo impoluto, como si no hubiera pasado nada. No les gusta dejar huella.
“La mejor basura que he visto es la de un Caprabo cerca de la Sagrada Família - retoma la mujer a la que habría gustado llamarse Mónica-,allí pueden encontrarse hasta gambas. Lo que pasa es que por allí va una mujer rubia que está loca, una que le dejó el marido y se le fue la cabeza. Una vez vi cómo le tiraba una bolsa de alcachofas a un chino a la cabeza… Y luego le pegaba entre las piernas con una barra de hierro. Prefiero mi Lidl. Lo único malo que tiene es que a veces tardan mucho en sacar los contenedores, y pasas frío esperando”.
Los trabajadores del Caprabo de Sagrada Família reconocen que las peleas eran habituales hasta hace pocos meses. Que cuando los desperdicios eran pocos preferían guardarlos en su almacén a fin de evitar discusiones. Que en ocasiones los repartían ellos mismos en bolsas para que nadie se pegara. “Pero la rubia aquella que daba tantos problemas ya no se deja ver -añaden los empleados-. El perfil de las personas que vienen ha cambiado mucho desde que empezó la crisis. Son gente educada y muy necesitada, de aquí y de allá, no tienen pintas de tener la casa llena de bolsas de basura, lo único que tienen es hambre”.
“Sí, estos chicos del supermercado son muy majos”, dice una mujer de avanzada edad, barcelonesa, que se protege de la lluvia con una toalla en la cabeza. “A este señor no hace falta que le preguntes porque no habla nada”. El anciano sonríe y muestra las palmas de las manos. “No sé si es mudo o inglés. Pero así nos llevamos mejor. Porque han sido las perrerías de los hombres las que me han llevado a esta situación. Yo antes vivía bien”.
Los peatones aceleran el paso porque la lluvia aprieta. La mujer, lúcida y sensata, prefiere no dar detalles. Prefiere protegerse con ironías. “No, si yo esto lo hago para conocer gente, en realidad soy multimillonaria, pero meter la cabeza en la basura es más divertido que ir de compras ¡Una pizza!”. Guarda toda la comida, ordenadamente. La mujer se pone otra vez la toalla liada en la cabeza y se marcha bajo la lluvia a paso lento. Las nubes negras auguran que tardará en amainar. “Yo ya no celebro la Navidad”, grita empequeñeciéndose al final de la calle.

7 comentarios:

Cornelivs dijo...

Este "asqueroso" mundo en el que vivimos (y lo de asqueroso va por lo injusto e hipocrita que es, salvese el que pueda) es cada dia más intolerable. Ricachones hartos de todo, mientras que a pocos metros hay personas comiendo en los contenedores de basura.

Que lastima...que pena...que dolor, que indignación!

Es intrinsecamente perverso e injusto que haya hambre en el mundo en pleno siglo XXI...!!!

¡Hasta cuando! ¡hasta cuando durará la ceguera voluntaria y malevola de los grandes gobernantes y de los grandes mandatarios de este mundo! ¿Cuando veremos un mundo mas justo y mas solidario?

¿Cuando, mi querida amiga Rita, Cuando lo veremos?

Me ha encantado tu post.

UN FUERTE ABRAZO Y FELIZ NAVIDAD.

Rita dijo...

Por los años que he vivido, obviamente viendo tantas cosas, creo que tengo que decir que NUNCA veremos ese mundo justo y solidario, porque además tengo que decir que, lejos de mejorar empeora. En otros tiempos eramos más humanos. Recuerdo aquellas personas que no tenian para comer y tocaban en las casas, "una lismonita por el amor de Dios",(era la posguerra y eso era hasta justificado) y yo, niña entonces, volvia de nuevo a la puerta, que además habia abierto sin ninguna desconfianza, llevandole algo de comer que mi madre QUITABA de lo nuestro. Esto quiere decir que repartiamos, cosa que ahora, que hay tanta gente nadando en la abundancia, no se hace. O sea, amigo Cornelivs, que las cosas han empeorado, por eso en mi anterior escrito de la Navidad, yo dije que quizá esta crisis nos venia bien a todos para reflexionar. Un abrazo y,si, Feliz Navidad

roxana dijo...

la mediocridad de los que se creen "grandes e importantes" dejan de ver las pequeñas cosas, que luego terminan en esto...
El arbol que tienen enfrente no les permite ver el mundo!!!!! Una lastima total!!!! Pero asi vamos y cada vez se hace mas visible, no podran evitarlo!!!!! tendran que VER
UN SALUDO
ROXANA

Rita dijo...

Roxana, tu optimismo es muy agradable y esperanzador, lo da tu juventud, gracias por ello, a los mayores nos hace mucha falta, si, TENDRAN QUE VER, y espero que las nuevas generaciones lo hagan posible, besos

abu Su dijo...

al leer la nota se me han llenado los ojos de lagrimas,yo personalmente he pasado situaciones muy apremiantes cuando era niña, pero mucho o poco mi madre puso un plato de comida ganado con el sudor de su frente en nuestra mesa, y con los años yo tube que luchar para que a mis hijos no le faltara la comida. No veo mal lo que hace esta gente por que la situación esta cada vez peor, pero en ARGENTINA con un bolsan de alimentos para los jubilados o planes sociales para los que no tienen trabajo se cre el gobierno quiere tapar el sol con una mano.Aqui como alla la crisis es muy grande pero todabia no llego lo peor se espera para después de marzo cuando terminen las vacaciones y creo que vamos a ver lo que tu has visto y muchos con la preocupación de quedarse sin trabajo.
Gracias Rita por la nota y perdona pero me has hecho llorar. hasta pronto y algun día cuando recuerde mi infancia y no llore contare como fue. Susana

MaiNe dijo...

¡Gracias por visitar MaiNeLanD, gusto muy su Blog también!
¡Besos desde Brasil!
MaiNe

roxana dijo...

rITA ME ALEGRA HABERTE SIDO UTIL EN ESTE MOMENTO Y OJALA LO PUEDA SER EN OTROS. eS UN INTERCAMBIO DE PENSAMIENTOS Y ARTICULOS QUE HACEN SUMAR.
FELICES FIESTAS CON LOS TUYOS, CADA VEZ ESTAN MAS CERCA!!!! UN BESO
ROXANA