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El silencio de Recemunde

Silencio... oir el silencio, sentirlo... como lo sintieron nuestros padres, nuestros abuelos... aquel silencio que arrulla, ...

sábado, 27 de diciembre de 2008

La nueva Navidad

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Esta es la nueva Navidad, que por cierto está acabando. Nos queda despedir el año 2008 y desear, como todos los años, que el próximo sea mejor, que se cumplan nuestros deseos, que ese amigo o pariente mejore de su enfermedad, y....etc, etc, etc.......Pero no era eso de lo que yo quería hablar, mi necesidad en este momento es la comparación de lo nuevo con lo antiguo. No soy yo precisamente una persona que se niegue a los avances de todo tipo , me gusta todo lo nuevo, no quedarse estancados en el tiempo, el progreso es necesario, nos mejora la vida en casi todos los casos, y yo me siento afortunada por vivir esos cambios. Pero....hay excepciones, una de ellas es el nuevo modo de celebrar la Navidad. Y me refiero a los jóvenes.
Me refiero a la costumbre que tienen ahora de salir en la Nochebuena. Una vez han cenado con la familia, se van de casa, de fiesta con sus amigos y regresan......de día ya. Y yo me pregunto, ¿ en que momento cambió esta situación? ¿ porqué si es una noche familiar se van de casa? Todo el año lo tienen para salir por la noche con sus amigos y venir, en la mayoría de los casos, por la mañana. Todo el año para tener preocupados a sus padres con esas salidas, que dicho se de paso, es costumbre solo española, la de salir después de las 12 de la noche y regresar muy de mañana. No se si habrá algún otro país europeo que lo haga así, pero en la mayoría no se hace. ¿ Porqué esa noche, tan familiar, no se quedan en casa y ahorran a sus padres, al menos una vez al año, esa preocupación? En una palabra ¿Porque no la dedican a la familia?
Los mayores no podemos resistirnos a la tentación de recordar otros tiempos, en algunas cosas, a mi personalmente, me parecen maravillosos los cambios. Pero en este tema, recuerdo con nostalgia la "otra Navidad". Aquella en que la familia se reunía para estar todos juntos, no había deserciones por parte de nadie, todos nos íbamos a la cama al mismo tiempo. Primero se cenaba, lo que cada cual podía, que nunca era la cantidad (que nos estamos pasando mucho) y la variedad que hay ahora, pero había alegría, colaboramos los pequeños y los mayores en los preparativos, nos reíamos mucho, cantábamos y luego, claro, la Misa del Gallo, al regreso todos juntos a casita a dormir. Es lógico que muchas cosas cambien, en la religión no había opciones, como todos sabemos, es normal que ahora que hay diversidad de creencias, cada uno la celebre como quiera, con misa o sin misa, eso para mi es lo de menos. Yo no pienso en la Navidad como un acto religioso, yo lo veo solamente como una ocasión en el año para reunirse la familia, solo eso. Pero no cabe duda que lo que echo de menos es aquella manera de hacer. Ahora, con las nuevas formas, los padres eramos felices cuando nuestros hijos eran niños, pero una vez que pasan de los 16.....se acabó. Ni siquiera esa noche tenemos paz, solo paz, no hablo de felicidad, no creo en ella realmente, pero si en la paz, que también en esa noche se tambalea.
Les dejo con este vídeo de "la otra Navidad". Son otros tiempos.



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viernes, 19 de diciembre de 2008

Corazones rebeldes

Hoy quiero recomendarles una película, CORAZONES REBELDES. Realmente es un documental, no se hace nada pesado, al contrario, yo disfruté mucho viéndolo. Este documental cuenta la historia de un curioso grupo musical. Se trata de mujeres y hombres que están en una escala de edades entre los 75 y los 93 años, es un grupo de rock, se llama YOUNG AT HEART, residen en Northampton, Massachusetts.



Han recorrido diversas partes del mundo haciendo galas y actuaciones que han tenido un gran éxito. Y este éxito no viene dado por la calidad de sus interpretaciones, creo que lo que realmente les hace admirables es su edad y su voluntad. A esa edad en que la mayoría de las personas viven resignados a unas limitaciones y pensando que ya lo que les queda es esperar la muerte. A esa edad, las personas que componen el grupo, han decidido que todavía hay cosas que hacer, no se resignan, sus cuerpos han envejecido, sus facultades han mermado pero......no se rinden, y arrastrando sus limitaciones acuden cada día a los ensayos y procuran mantenerse sanos para poder viajar y seguir cantando, en algunos casos berreando. Incluso hay uno de ellos que lo hace llevando su bombona de oxigeno, otros en una silla de ruedas, otros luchando con un cancer.

Creo que este grupo está marcando un hito entre la gente mayor, pienso que rompe tabues en torno a la vejez, tales como la pérdida de la juventud ( en mi opinión solo se pierde por fuera, si quieres), la soledad, el sese de cualquier actividad útil, el amor, el sexo, y la enfermedad como algo irremediable.

No se la pierdan, es una gran lección para todos, porque todos llegamos a mayores, todos seremos viejos (si no lo somos.....peor que peor) y es bueno que aprendamos que esas viejas creencias no solo son erróneas sino que deben quedarse en el pasado. Esto es el siglo 21, amigos mios, cambiemos el chic, no nos resignemos a vivir como nuestros abuelos, no nos resignemos a estar en una "3ª edad" encasillada, no nos pongamos limites. Espero que la vean y espero que les guste.

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La pobreza del siglo 21




Me gustaría en estas fechas contar algo alegre y bonito pero no va a ser posible. Estoy verdaderamente impactada y no puedo por menos que contarlo, no para entristecer a nadie en estos momentos que deben ser de alegría, no. Es porque creo que es necesario que todos seamos conscientes de lo que está pasando. Me lo habían contado pero no es lo mismo que verlo.

Pasaba yo por una calle muy transitada de mi ciudad, ya era de noche, no muy tarde pero si de noche. Al pasar junto a un contenedor de basura he visto un hombre de mediana edad, no parecía un pordiosero, sus ropas eran normales, no trajeado pero tampoco tenia aspecto de vivir en la calle. Sacaba cosas, comida, del contenedor y sin separarse de allí, se las comía. Era hambre, no esperaba a ir un poco más allá, se lo comía rápidamente. Me pregunto que está pasando en este pais. No es que ignore las noticias, no es que viva al margen de los acontecimientos, creo que tengo toda la información. Pero sigo sin entender como hemos llegado a esta situación. Me siento muy mal viendo estas cosas y creo que es el momento de las grandes decisiones, creo que es el momento de que los gobernantes demuestren que saben gobernar. Creo que es el momento de que se deje de hacer un gasto tan grande en iluminación para fiestas y se destinen esos fondos a comedores sociales, amén de soluciones para aliviar a las familias del gasto en vivienda que, en algunos casos supone casi el total del sueldo por la brutal subida del euribor. No puede ser que para tener un techo haya que endeudarse de la forma en que se está haciendo. He encontrado un articulo en MINUTODIGITAL.COM del dia 28 de noviembre que habla precisamente de esto. Lo añado aqui porque me parece muy interesante.



Trabajadores en paro. Mujeres separadas que se han quedado sin trabajo. Inmigrantes que no llegan a final de mes. Padres de familia que cada noche se tragan su orgullo para buscar la comida de sus hijos en cubos de basura.
Ciudadanos a los que nunca se les había pasado por la cabeza que acabarían rebuscando comida entre desechos. Cada vez son más, lo aseguran ellos mismos. Lo aseguran los responsables de los establecimientos a los que acuden cada noche.
Es, recoge La Vanguardia en un interesante reportaje de Luis Benvenuty y Raúl Montilla, la otra Barcelona. La de la gente que no pide ni siquiera ayuda y a la que le dan igual los adornos navideños. Son ciudadanos anónimos a los que la necesidad empuja a rebuscar entre los contenedores de basura a las puertas de los supermercados. Reconocen que a eso uno nunca se acostumbra. Es demasiado humillante.
La estampa se repite cada noche en muchas esquinas de Barcelona. Mónica - si hubiera podido elegir su nombre al nacer se llamaría así-tiene 58 años. Está divorciada. Se esconde del frío y de la vergüenza en un portal de calle Escocia, cerca de la avenida Meridiana. “Es que si alguien se entera de lo que estoy haciendo me muero. De verdad que me muero”. Asegura que la mejor basura es la de los supermercados Lidl, precisamente el que está esperando que cierre. “Yo vengo un par de veces a la semana, desde hace unos nueve meses, para echar una mano a una mujer mayor vecina mía que tiene una pensión de 300 euros y artrosis. La pobre no se puede levantar ni siquiera de la cama”, añade.
Los productos, prosigue, están a tres días de caducar, separados, en contenedores fregados, todo limpio. “También cojo cosas para mí, algún salchichón, un bidón de detergente, una lata de tomate… Cosas que cuestan dinero. Mis hijos tienen novia y trabajan en una empresa química ¿Qué dirían sus compañeros de la oficina si supieran que su madre hurga en la basura? ¿Y sus novias?”. Mónica se ganaba la vida limpiando casas y oficinas, pero una neumonía la mantuvo 18 meses de baja. Cuando se recuperó a medias, el mundo ya estaba en crisis. “La gente ahora no tiene dinero, prefiere limpiarse su casa. Tengo una pensión de 300 euros, y el alquiler me cuesta 200 ¡Si mis vecinos se enteran de esto me muero!”.
Algunos supermercados cuentan con un servicio especial de recogida de desperdicios. Los desechos duermen dentro de sus locales esperando los camiones que llegan a la mañana. Pero la gran mayoría de los supermercados de Barcelona opta por dejar sus restos en la calle de la mejor manera posible para los que los puedan aprovechar.
Normalmente no es política de empresa. Son los encargados, los mozos, los reponedores o las cajeras los que se preocupan para que el trance sea lo menos repugnante posible. Algunos establecimientos de restauración hacen lo propio, caso del Viena de la calle Pelai. Cada noche sus trabajadores dejan una bolsa llena de bocadillos y ensaladas para quienes lo necesiten a eso de las dos de la madrugada.
Unos diez minutos después ya no queda ni rastro. Siempre ha habido gente buscando en la basura. Siempre. Aunque los que llevan años sacándola al cierre nunca habían visto a tantos, y tan diferentes. De todas las edades. Procedencias y, normalmente, ordenados.
Los de cada supermercado suelen conocerse. Traban amistad. Mónica conoce muy bien a la anciana que tiene a su marido enfermo en la cama. A la mujer china, que apenas habla castellano, que hace un par de meses se quedó sola cuando su marido se quedó sin trabajo y regresó a su país. También a la pareja de extranjeros que da mucho miedo yque esta noche no ha venido. Yala pareja de estonios.
“A veces buscar comida es una locura. La gente se lanza y hay peleas”, explica Krants, de 22 años, el estonio, en perfecto inglés. “A pesar de que hay comida para todos”, agrega su novia. Están en paro. Hace quince meses que buscan comida entre los restos. “Vamos cambiando de sitio, buscando los más tranquilos”, aseguran.
En otro punto de la ciudad, en la calle Llull, la persiana metálica del Sorli Discau asciende con un estruendo. “Son familias normales que lo están pasando mal por la crisis. A todos nos puede tocar”, explica un empleado empujando los cubos. Antes de que el trabajador haya entrado de nuevo en el supermercado, las sombras de cuatro adultos y dos niños con carritos de la compra y bolsas de plástico se abalanzan sobre los contenedores. El silencio es ensordecedor.
“No es nada agradable. Soy soldador, cobro mil euros. Tengo dos hijos y mi mujer ahora no trabaja. Sólo por el piso pago 850 euros ¿Qué voy a hacer? ¿Morirme de hambre?”, explica un hombre con rasgos sudamericanos.
No quiere decir su nombre, ni su país de origen siquiera, por si se entera algún compatriota. “Es humillante, pero tengo que pensar en mis hijos”. Lleva cinco años en Barcelona. Mete su cuerpo en cubos de basura desde hace pocos meses. Su único pensamiento es poder salir a la luz cuanto antes.
A pocos metros, en la avenida Marina, poco antes de las diez de la noche, Abdul busca pescado en buen estado en una bolsa de basura abierta en canal. Está llorando. Aparta las hamburguesas de cerdo. Es musulmán. Marroquí. Diez años en España, los dos últimos con papeles. Trabajaba de vigilante de seguridad en obras, para una de esas empresas abanderadas por una rueda de carromato bicolor, hasta que le echaron hace ocho meses. Desde hace dos busca comida en contenedores. “No puedo volver a Marruecos, porque allí no me queda familia. Hace poco murieron mi padre y mi madre. Estoy de alquiler en una habitación y pago 300 euros”, explica.“
Yo era electricista -dice el palestino Rachid Ridan-y también mecánico, y tengo un hijo de ocho meses”. Todo transcurre en apenas cinco minutos, el tiempo necesario para separar en la acera la comida en condiciones de la que da asco, repartírsela y dejarlo todo impoluto, como si no hubiera pasado nada. No les gusta dejar huella.
“La mejor basura que he visto es la de un Caprabo cerca de la Sagrada Família - retoma la mujer a la que habría gustado llamarse Mónica-,allí pueden encontrarse hasta gambas. Lo que pasa es que por allí va una mujer rubia que está loca, una que le dejó el marido y se le fue la cabeza. Una vez vi cómo le tiraba una bolsa de alcachofas a un chino a la cabeza… Y luego le pegaba entre las piernas con una barra de hierro. Prefiero mi Lidl. Lo único malo que tiene es que a veces tardan mucho en sacar los contenedores, y pasas frío esperando”.
Los trabajadores del Caprabo de Sagrada Família reconocen que las peleas eran habituales hasta hace pocos meses. Que cuando los desperdicios eran pocos preferían guardarlos en su almacén a fin de evitar discusiones. Que en ocasiones los repartían ellos mismos en bolsas para que nadie se pegara. “Pero la rubia aquella que daba tantos problemas ya no se deja ver -añaden los empleados-. El perfil de las personas que vienen ha cambiado mucho desde que empezó la crisis. Son gente educada y muy necesitada, de aquí y de allá, no tienen pintas de tener la casa llena de bolsas de basura, lo único que tienen es hambre”.
“Sí, estos chicos del supermercado son muy majos”, dice una mujer de avanzada edad, barcelonesa, que se protege de la lluvia con una toalla en la cabeza. “A este señor no hace falta que le preguntes porque no habla nada”. El anciano sonríe y muestra las palmas de las manos. “No sé si es mudo o inglés. Pero así nos llevamos mejor. Porque han sido las perrerías de los hombres las que me han llevado a esta situación. Yo antes vivía bien”.
Los peatones aceleran el paso porque la lluvia aprieta. La mujer, lúcida y sensata, prefiere no dar detalles. Prefiere protegerse con ironías. “No, si yo esto lo hago para conocer gente, en realidad soy multimillonaria, pero meter la cabeza en la basura es más divertido que ir de compras ¡Una pizza!”. Guarda toda la comida, ordenadamente. La mujer se pone otra vez la toalla liada en la cabeza y se marcha bajo la lluvia a paso lento. Las nubes negras auguran que tardará en amainar. “Yo ya no celebro la Navidad”, grita empequeñeciéndose al final de la calle.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Diciembre, llega la Navidad


Aunque había dicho que continuaría hablando de mi viaje del Imserso, Todo lo bueno y Todo lo malo, creo que lo voy a posponer para después de Reyes. Hablaremos, si que hablaremos, pero.....ahora hablemos de otras cosas,hagamos una parada en nuestras rebeldias, demonos un respiro. Llegó Diciembre y hoy, solamente quería decir que de nuevo tenemos aquí la Navidad, de nuevo podemos quejarnos de las compras, de las prisas, de las reuniones, del trabajo que nos ocasiona todo esto.¿Y nos parece poco? ¿Poder contar una nueva navidad? ¿Nos podemos quejar? Yo creo que no, estamos aquí y....eso es mucho.

Ya sabemos que estas fechas son de consumo más que nada, pero también son un motivo para pasar buenos ratos con la familia, para cantar aquello de "vuelve a casa por navidad", para sentir y disfrutar la alegría de los niños, que son los que realmente lo viven con más ilusión. Nosotros, los mayores, también debemos de empezar a sentir como los niños, pero además con esa alegría de un año más, la suerte de vivirla otra vez, porque todos los años, ya, nos hacemos la pregunta de: ¿cuantas más viviremos? Es inevitable pensarlo, por lo tanto vivamosla con alegría,seamos conscientes de la gran suerte que tenemos, dejemos de decir aquello de "jo, las navidades, que ganas que acaben", no, eso es darle prisa al tiempo y no vivir el momento. Este año, seguramente, será para todos un poco más restrictiva pero....yo le veo su lado bueno, creo que habíamos llegado a un consumismo exagerado y nos vendrá bien a todos frenar un poco, volver a la realidad, darle a las cosas su justo valor. Para los mayores será más fácil porque venimos de otros tiempos en que las cosas eran de otra manera, nos costará menos recolocarnos. Para los jóvenes será un poco más difícil pero también creo que les vendrá muy bien aprender una nueva lección.

Bienvenida una vez más, alegremonos de poder quejarnos.Pero, ojo, cuidadito con lo que comemos, tenemos que llegar a la del 2009.
Les dejo con este spot publicitario de la Lotería Nacional de otros tiempos, que tantos recuerdos nos traen a todos.